“SEDUCCION”

Seduccion

Y así llego la oscuridad de la noche, ella atenta a su rostro y el platicando mirando como mueve sus manos entre sus cabellos, ella contando chistes y el riendo sinceramente, a cada minuto que la noche avanza las distancias se acortaban entre ellos se sentía un vibrar en el ambiente casi inaudible, casi invisible, como cuando sientes ese calor salir por tu cuello por alguna travesura, por alguna maldad que solo tú sabes.

Sin saberlo los dos bailan y sin saberlo solo se mueven unos centímetros a los lados para cumplir con el baile, es más la fuerza entre sus ojos, a esa media luz, a esa suave melodía que suena en el aire, no parece baile, parece que se entregan sus cuerpos e intercambian respiración, embriagante el ambiente, la desesperación de ella al desear sus labios, el solo humedece sus labios mirándola fijamente a sus ojos, sus ojitos llenos de fuego, llenos de pasión y deseo.

De ambos sale apenas la letra de alguna palabra olvidada haciéndolos sonreír y sonrojar, él la interrumpe y le dice suave a su oído y entre su cabello un: “me gustas” –con voz gruesa- y un suspiro que la hace temblar, ella busca su rostro y con la carita más tierna y dulce que en una mujer completa y esplendorosa puede existir le dice: “también me gustas” –Apenas y entrecerrados sus ojos- sus labios apenas y se tocan y ya arden en pasión, arden en deseo.

La noche sigue su curso, y no tiene piedad de su pasión y de su entrega, ellos caen rendidos al deseo, al deseo de recorrer sus cuerpos desnudos, él de convertirse en su dueño, ella se quema por dentro, entrega su cuerpo tembloroso, se convierte en su mujer y él en esclavo de sus pasiones, no son dos cuerpos, son uno solo, la pasión es tal que harían sonrojar al mismo Marqués de Sade, el ambiente esta tan incandescente que las llamas de la fogata es una fría brisa.

La noche esta en el punto donde todo es más negro, la pareja ahogados en gemidos, suaves mordidas, sus hombros encorvados hacia dentro, labios mordidos, el arañar en sus espaldas, mientras esos ojos se miran fijamente llenos de pasión pero a la vez llenos de ternura, como si nada existiese entre ellos, como si el tiempo se hubiese detenido, explotan en fuego quemando sus almas quemando todo alrededor…

La noche en su agónico partir, junto con ellos yace una sonrisa, sonrisa de complicidad sobre sus rostros enrojecidos, ella abrazada a él, el sosteniéndola fuerte a su pecho, ninguno de los dos quiere cerrar los ojos, ninguno de los dos quiere separarse, no quieren que amanezca, cruel es el tiempo con ellos, cruel la noche.

Los dos abandonan su ser y quedan dormidos uno al lado del otro, quedan unidos en una noche de amor, quedan unidos en espíritu.

Hermoso día tengan todos,
Iván Hernández.

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