“TE INVITO UN CAFÉ”

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            Dos extraños que se conocieron por azares del destino, por coincidencia, por error o tal vez por gracia de ese pequeño angelito con humor muy ácido de nombre cupido, inicia algo así esta historia.

Un joven en sus primeros treintas, va a una cafetería que le han recomendado mucho, ese viernes que él llega casi todas las mesas estaban ya ocupadas, el busca pasivamente una mesa pequeña para él y sus ganas de escuchar música y relajarse después de una ardua semana, una vez encontrada la mesa, a su alrededor mesas con parejas, con una pequeña vela al centro de las mismas, algo gracioso para él, dado que estaría solo, aunque casi al frente de él, una figura sentada con libro en mano, un alma concentrada en la lectura, como el lugar se prestaba también para leer, él solo observaba como ella devoraba páginas de ese libro, a su mesa llega ese café que había solicitado momentos antes, el aroma era embriagante, la brisa que rodeaba el lugar simplemente te hacia recordar esos días de gloria donde no existían preocupaciones o cualquier otra cosa que perturbase la mente, entonces él decidido en concentrarse solo en la música y dejar a esa chica con su libro y solo disfrutar.

Al paso de los minutos la música cada vez se volvía más romántica, solo cerro los ojos y dejo que el aroma del café y la música viajara a través de su mente, de pronto el lugar comenzó a vaciarse poco a poco, veía como las parejas abandonaban el lugar, en un momento de esos su mirada cruzo con la mirada de la chica, en esos segundos de coincidencia ambos hicieron pequeños esbozos de una sonrisa cordial, él se acomodó los lentes y ella se acomodó el cabello y como si fuese un espejo ambos separaron la mirada, ella hacia el libro, él hacia un lado donde estaba el grupo tocando, en ella solo paso una cosa por su mente, alguien me sonrió, de pronto ella sintió curiosidad por verle más y saber si la ha mirado más que ese par de segundos, ella levanta nuevamente su mirada y observa detenidamente a ese chico, contempla un hombre que sueña con los ojos abiertos, como observaba a infinito dejándolo rodear por las notas musicales, vio cómo su pie se movía al compás de la música, vio como cuidadosamente daba pequeños sorbos a ese café, mientras ella lo analizaba, él siente una mirada ajena, como de unos ojos que quisiesen asesinarlo, él al voltear estaban los ojos de esa chica, fijos en él sin lugar a dudas, nuevamente las miradas se cruzan, solo que ahora duran sosteniendo la mirada más tiempo, él sonríe y ella sonríe de vuelta, de pronto en ambos se siente un ambiente como si alguien hubiese bajado el volumen del mundo, incluyendo ese pequeño sonido que la brisa calmada provoca en la noche, en ese momento solo existían un par de ojos, viéndose al interior, él junta el coraje necesario para levantarse de su silla e ir a su mesa, ella no le aparta la mirada ni un segundo, él a ella tampoco, es como si algo dentro de ellos simplemente se abrió, algo simplemente brillo más esa noche.

Es como esos momentos que solo suceden una vez en la vida, es de esos momentos que la vida misma está hecha, con su más honesto hola el comenzó la plática, ella con el más tierno hola continuo, al paso de solo minutos, sonreían, cruzaban miradas, sus corazones latían más rápido, ese par de extraños dejaron de serlo al momento de ese hola, era tal la plática, tal la identificación del uno con el otro, que en momento simplemente él se acercó y la beso tiernamente en los labios, ella reacciono y lo abofeteo, ella le reclamo “porque hizo tal cosa”, el solo respondió: “por qué me gustas” y volvió a acercarse para besarle nuevamente, esta vez sin bofetada, en el lugar de ello, fue la mano de ella en la mejilla de él, después de ello, un par de manos se entrelazaron desde entonces, él le confeso que después de ese beso difícilmente ella se deshará de él, ella sonrió y solo sentencio que a partir de ese momento él es parte de sus posesiones.

Así han vivido felices desde ese día en ese café, ese día la banda se despidió con una canción de Nina Simone de nombre “Feeling good” sellando una noche tatuada llena de estrellas en el cielo como jamás antes la habían visto.

 

Excelente día,
Iván Hernández.

P.D.: Quiero agradecer a las personas que me platicaron su historia, también por haberme permitido sentar en su mesa en realidad solo llegue y me senté en su mesa, a la próxima “les invito yo el café”, por su confianza y permiso de transmitirla de la única forma en la cual a veces me expreso menos peor. A ustedes mil gracias.

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